Por aquel entonces Accueil de l'Amour era uno de los lugares más románticos de Paris, incluso más que ese banco frente a la Torre Eiffel, en el que ya no quedaban pétalos de rosas ni manchas de bombones. Fleur Angine trataba de que todo saliera al gusto de sus clientes. La casa estaba repartida en más de doscientas habitaciones, en las que hombres de traje y corbata conseguían perder los papeles por una noche con las hermosas mujeres que paseaban medio desnudas por los pasillos, aquellas que de forma equivocada me enseñaron a amar. Cuando salía la Luna, Madame Angine me encerraba en un cuarto oscuro y sucio, nada que ver con el resto de aquel ''hogar'', decía que allí estaría segura, que la casa no era lugar para una niña como yo a esas horas. Supongo que no entendí eso hasta mi temprana madurez.
Poco a poco, ese cuarto se fue convirtiendo en mi escondite preferido. Yo lo llamaba ''Usine à Rêves''. En un rincón yacía un viejo piano, cubierto de un polvo que brillaba cuando el resplandor de la Luna se dejaba ver a través de la ventana que se encontraba justo encima de este; una pequeña ventana, imposible de abrir para así no escapar.
Mis torpes dedos intentaban hacer sonar esas magníficas teclas, ese piano tenía la sonrisa más blanca y bella que yo había visto. Poco a poco, con esfuerzo, con dedicación, pero sobretodo con amor, conseguí mi objetivo, conseguí crear música. Conocí a la música..e inmediatamente he de decir, que me enamoré de ella.
Solo unas pocas notas seguidas habían conseguido hacerme sentir lo que ningún hombre, o cualquier ser vivo, podría haberme hecho sentir jamás, aunque las damas de la casa se tomaran eso a modo de burla.
El tiempo pasaba deprisa en esa habitación. Solo me necesitaba a mi, a mi piano y a esas botellas de whisky barato, robadas de la cocina de aquel lugar.
Cumplidos los diecinueve, Madame Angine me dio a elegir: la música, o el amor.
¿Por qué me hacía tan estúpida pregunta? No se quería dar cuenta de que la música era mi amor. Me fui de aquel antro, cogí mi escaso equipaje y me fui.
''Cuando tengas un lugar donde caerte muerta llámame y llévate ese piano de aquí, solo él y tú habéis traído intrusos a la casa'', gritó ella, mientras yo me alejaba, furiosa.
Tres meses más tarde volví a llamar.
- ¿Madame Angine? -
- Sí, soy yo, ¿quiere hacer una reserva? -
- Soy yo -
- ¿Quién eres tú? -
- Soy la dueña del piano, creo haber encontrado el lugar ideal para caerme muerta, al menos para hacerlo el Sábado por la noche. ¿Podría llegar mi piano para entonces? -
- Claro - se la escuchaba reír, orgullosa - ¿Dónde has ido a parar? ¿Otro antro de Francia? -
seguía riendo.
- No, estoy en New York -
- Oh, vaya..¿y que demonios haces allí? -
- Mande el piano a la octava avenida de la Calle 50, el Lunes tengo un concierto por dar en Madison Square Garden, y la gente que cree en mí ya me está esperando.-

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