martes, 5 de febrero de 2013

Escribo para encontrarme, escribo para ti, y es que eres el motivo por el cual sigo respirando este humo que me contamina. Puedes romperme, puedes amarme, hagas lo que hagas mis canciones siempre hablarán sobre tus ojos miel y mis poemas sobre tu sonrisa imperfecta.
Fue en un mágico mes como desde entonces lo es Septiembre. Parecía que ya habían pasado mil primaveras y no había pasado ninguna. En Febrero ya la nieve cubría todo lo que no habíamos sido e intentábamos socorrernos para volver a respirar allá en el exterior. No es que nos quisiéramos, en realidad nos odiábamos, es que nos necesitábamos.
Podíamos huir mil veces, pero siempre regresábamos. Eres el pez y yo soy el agua, soy el corazón y tú eres la sangre, somos como la Luna y la noche y a la vez como el Sol y la Luna. Brillamos los dos, pero en lugares distintos.
Nos debemos nuestro amor, nuestra destrucción y nuestra muerte. En realidad, aunque el tiempo se empeñe en que algún día esta tragedia acabe, nos lo debemos todo.
Soy la poetisa de los versos que no riman y tú eres el violinista desafinado. Somos iguales, pero a la vez, tan distintos. 




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