miércoles, 21 de marzo de 2012

Siempre me gustó viajar en tren un nublado 23 de Febrero, siempre me gustó andar por las calles de Madrid sin prisas, observando cada uno de los rincones de esa noble ciudad, escuchando a cada uno de los músicos de la calle que a pesar de un día haber sido rechazados, seguían luchando por su sueño, tocando su guitarra mientras les temblaban los dedos del frío, allí, en la calle, en el escenario más humilde de la ciudad.
Me gustaba sonreír a cada una de las personas sin techo que pedían ayuda con una nube gris en la mirada y un apagado fuego en el corazón, para intentar encender su alma una vez más, pero sobretodo me gustaba que me devolvieran la sonrisa, olvidándose por unas milésimas de segundo de su profundo dolor y de sus oscuros recuerdos.
Me enternecía mi corazón de hierro, cada beso bajo un portal, cada dos manos unidas y cada abrazo interminable en medio de la Plaza del Sol.
Me provocaba melancolía toda despedida que incluyera lágrimas y abandono.
Adoraba romper mi paseo y empezar a correr tras caer las cinco primeras gotas de lluvia. Perderme entre la gente riendo, mojarme de la cabeza a los pies, mirar al cielo, dar las gracias, observar como la gente normal huye del agua, para luego quejarse de que nunca llueve, observar como se esconden tras sus paraguas para no acabar con ese complicado peinado que les llevó horas acabar, horas que perdieron de sus vidas y horas que no podrán volver a recuperar nunca más, ni entregando una gran suma de dinero, ese que dirige sus vidas.
Llegar a un viejo bar en el que dos señoras mayores pero hermosas, con los labios pintados de rojo, discuten en una mesa sobre la sociedad actual mientras toman un té; en el que un hombre sentado en la barra lee ''Los Juegos del Hambre'' de Suzanne Collins, tan sumergido en su lectura que es incapaz de escuchar la dulce melodía que silba en camarero.
Aspirar ese amargo pero cálido aroma a café y croissants recién hechos.
Sentarme en una mesa, tirar el bolso al suelo, mirar por el ventanal y romper en una risa de esperanza, que solo pide una oportunidad más para que el cielo no se caiga sobre la tierra.




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