lunes, 12 de marzo de 2012

Sus Jeffrey Campbell hacían sonar los cristales que desembocaron en el suelo, aquellos que la Luna iluminaba y disfrazaba de peligrosas y elegantes armas mudas, discretas pero sobretodo eficaces. Sus piernas caminaban temblorosas pero firmes, situando un pie delante de otro, moviendo delicadamente sus caderas, lo que la hacía una figura casi perfecta, tentadora de aventuras. Las medias negras ya apenas cubrían sus piernas, estaban rotas por todas partes, rasgadas por tantas veces como había caído, cosa que la recordaba que ahora estaba de pie. Sus shorts buscaban problemas, tentaban a cualquiera que tuviera el valor de detenerse a observarlos; marcaban perfectamente todos los huesos de sus caderas y cubrían hasta más arriba del ombligo, para dejarle espacio a la imaginación, algo que ella adoraba. Una minúscula camiseta anunciaba que el color menta iba a estar de moda la próxima primavera. Sus labios anaranjados no paraban de expulsar el humo y el veneno que se consumía en su mano, en su recién encendido cigarrillo. El pelo la cubría los hombros, despeinado y algo encrespado. Sus ojos permanecían rojos y entrecerrados, aunque aún así, el maquillaje que los cubría lucía perfecto, con una larga raya negra, tan larga como el camino que le deparaba la vida.
Amaba a los monstruos, sobretodo si se tratara de que el monstruo fuera ella. Adoraba escribir música en el aire, tan solo alzando sus brazos sobre una peligrosa Harley-Davidson, justo cuando esta arrancaba. Se divertía arrebatando el corazón a tantos hombres como le fuera posible, para después rompérselo de forma lenta, sigilosa, con dulzura. Todos la miraban al pasar. Hablaban de ella, y eso era lo que la hacía importante. Coleccionaba las bandanas con las que sus hombres recogían su pelo, escondido bajo un casco, tal vez ese que un día fuera a salvarles la vida. Era inmune a cualquier daño que le hiciera la vida, pues aprendió a evitar el dolor de los golpes. La oscuridad era su compañera, la Luna su aliada. 
Y mientras aparecían piedras y obstáculos en su camino, ella aún, andaba.



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