Esta es la historia de la chica que se desintegró hasta desaparecer,
tratando de vomitar diecisiete inviernos cálidos.
La historia de la chica que trató de hacer de su piel poesía,
y de la misma chica que conservó lecciones de literatura en las que se hablaba de que el amor "es eso de ver lo que nadie ve y no ver todo eso de lo que los demás huyen".
La historia de un libro que afirma que la vida es niebla; la vida es una nebulosa.
La historia de una chica que huía de su sombra, y la historia de cómo las sombras la alcanzaron hasta hacerla huir de su reflejo.
Y de un príncipe republicano que parecía llegar y desvanecerse; y de cómo ella esperaba encerrada en una torre; y de cómo se sentía torre.
Y es que la chica de la sonrisa rota, la chica de azul, la chica de hierro y sus lágrimas de titanio se habían pasado dieciocho primaveras tratando de escribir sobre cómo florecen los almendros, dieciocho veranos tratando de volar en una carretera llena de polvo, dieciocho otoños jurándose ser perenne y diecisiete inviernos creyendo que no hay imposibles desde aquel llanto de Agosto, subiendo tres escalones que le llevaran a cinco orgasmos, ahogándose en ojos que parecen mares, incluso océanos.
Y si alguien me pregunta sobre el final de esta historia, sobre qué fue del príncipe y qué fue de la chica, sobre si ganaron las sombras o sobre si las sombras eran ella...
prefiero no tener que escribirlo.

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