Enero se lo dedico a fiestas que se olvidan de su mes; a visiones borrosas y a un sentimiento de libertad que arrastra cadenas. Se lo dedico a cada una de las noches que me sentí eterna en algún coche apunto de chocar, a la bala más rápida de la pistola de algún cobarde. Se lo dedico a todos los que perdí por tratar de no herir a nadie, a la música tan alta que hace daño, y sobretodo, se lo dedico a la soledad, porque ella siempre permanece.
Febrero se lo reservo a tropiezos al salir de un bar a principios de Marzo, a amigos que nunca veo y a noches en las que aún tengo esperanza. Febrero es para quien amé, para el que amaba a otra; para quien vino a sacarme de allí con mentiras preciosas, para el que llenó mi cabeza de "estas cosas a mi nunca me pasan" y para el que me dejó borracha, tirada y perdida en la calle a últimos de Agosto. Pero sobretodo, Febrero es para quienes me llevaron a casa.
Junio es de quien me colgó el teléfono tras un "te quiero", de un desconocido que se llevó mis labios, de un nombre que no recuerdo, de alcohol barato y de mis tacones. Pero quien más se merece Junio es quien me salvó de la muerte y me llenó de música.
Agosto se esconde en la infancia, en la seguridad que te produce un "lo siento", en el desengaño y el dolor que se siente cuando un hermano te traiciona. En un calendario en llamas. [Todavía no sé en quién se esconde la culpa].
Septiembre es el dueño de mis demonios, de mi locura, de mensajes que llegan tarde, de un desconocido, de encuentros en escaleras. Septiembre es el dueño de todo el año, de todo el daño. Septiembre son las cadenas de un futuro que nunca llega, [y las cicatrices].
Octubre se lo devuelvo al mal. A las mentiras. A la inocencia del primer amor. A un vodka con Cocacola en un callejón demasiado frío como para mantenerme lejos de él.
El resto del tiempo, se lo entrego al arte.

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