sábado, 14 de abril de 2012

Era Sábado, las nubes gritaban que no podrían mantener por mucho tiempo más las lagrimas que el cielo necesitaba derramar en un llanto que duraría toda la noche, hasta el amanecer.
El tren partía desde una vieja estación hacia ningún lugar.
Avanzaba lento, se limitaba a seguir un camino ya marcado, ¿nunca quiso el tren desviar su camino en dirección a cualquier otro lugar, a cualquier bosque perdido o a cualquier playa desierta?
Mis ojos contemplaban fascinados como las gotas de lluvia se encontraban con la ventana del tren, intentando derribarla para así hacer de ese llanto, una inmensa canción de lamentos olvidados en algún rincón de un mundo aturdido.
- Perdone, ¿podría sentarme aquí a su lado Madame? El tren es un lugar solitario -
Un hombre aún demasiado joven para calificarlo de hombre, pues un ardiente corazón se mostraba más allá de sus ojos marrones y brillantes, cálidos, amables, educados.
Un largo abrigo marrón escondía el resto de su cuerpo, retando a conocerlo antes de juzgarlo.
Su pelo era rojizo como el fuego, su sonrisa demasiado llamativa, pero atractiva sin ninguna duda, alentadora.
- Claro, a nadie le gusta sentirse sólo en un melancólico mes como lo es Octubre, el mes de las tormentas.. -
- Vaya, usted también piensa que Octubre es un mes triste ¿eh? - se sentó a mi lado, pretendiendo con la mirada que volviera a mirarle a los ojos.
- Sí, supongo que sí - le sonreí, mirándole a los ojos.
- Perdone mi curiosidad, es mayor que mi educación, ¿qué lleva ahí?, ¿le gusta escribir? - señaló los papeles arrugados que se esparcían por todo el suelo del tren, las anotaciones que sostenía en mis manos temblorosas, pegadas a mis rodillas, una pluma con ya apenas tinta.
- Es lo único que me permite sentir que es posible cambiar el mundo -
- ¡Vaya! Quién me diría cuando esta mañana lo dejé todo, que iba a encontrarme en un tren con una soñadora ansiosa por cambiar el mundo, es una buena noticia, sin duda alguna -
- Son tiempos difíciles para los soñadores - 
- Si algo es difícil, es porque merece la pena - me dijo seriamente, tratando de convencerme de que mi trabajo no era en vano. - Y bien, ¿se puede saber a dónde se dirige una joven soñadora como usted, tan sola? El mundo es peligroso, cada vez más -
- No llevo destino fijo, me monto en este tren todos los días, es el lugar de mi inspiración. Basta este suave movimiento para escribir una nueva historia, bastan todos los pasajeros para crear todos los personajes -
- Interesante - me observó fascinado.
- Pero paremos de hablar de mi, ¿qué hace un hombre de abrigo largo en un lugar como este? -
Se echó a reír.
- Se podría decir que yo también soy un soñador con esperanzas para cambiar el mundo, pero apenas fuerzas. Dejé esta mañana mi gran piso en el centro de la ciudad, con todos los lujos, vendí mi coche y le dí el dinero a un mendigo de la calle, me llamó la atención su cartel sin faltas de ortografía, pensé que él iba a necesitarlo más que yo. Ahora viajo solo, con un termo de café y con mi guitarra -
- Es digno de admiración - le sonreí. Justo tras esto, él me devolvió la sonrisa.
- ¿Y qué escribe ahora mismo? -
- Una historia de amor, sobre dos soñadores que se conocieron en un tren, en un melancólico mes como lo es Octubre. -









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