miércoles, 25 de abril de 2012

Hola, prometí olvidarte. 
Prometí que aunque me costara tiempo iba a decirte ''adiós'' sin haberte dicho antes ''hola'', iba a amordazar mi corazón fuertemente, tan fuerte como los golpes que este mismo sufrió.
Te prometí no mirarte más a los ojos, a tus ojos marrones, profundos, tan extensos como un puente hacia la libertad, observadores, entrecerrados, inmunes ya a los rayos del sol desde que decidiste andar bajo la sombra.
Prometí no caer otra vez en la droga que eran tus labios, tu sonrisa, un piano brillante en una oscura habitación, en una habitación llena de misterio y duda.
Intenté aferrarme a tu corazón y llamarlo siempre hogar.
Te juré amor eterno sin darme cuenta. Te prometí que nadie más iba a amarte como te amaba yo. No dudé ni por un segundo en regalarte mi corazón, aún sabiendo que podrías romperlo en mil pedazos.
Intenté ver un corazón generoso tras una estatua de piedra, en ver la magia y la dulzura donde nadie más podría verla.
Intenté convencerme de que solo estabas equivocándote hasta que me convencí de haberte olvidado.
No puedo, me prometí a mi misma que no iba a ser tan fácil. Me juré tus besos y tus caricias, tu calma cuando todo iba mal.
Le prometí al cielo que juntos bailaríamos bajo él, a la lluvia un beso bajo un portal, a las estrellas, contarlas millones de veces sobre tu regazo.
Necesito que me digas qué tal estás, que me cuentes si tus sueños se hicieron ya realidad. Saber de si encontraste al amor de tu vida. ¿Sonríes más a menudo? 
¿Extrañas las llamadas sin nadie detrás del teléfono, excepto una soñadora enamorada?
Los soñadores no somos como los demás. Luchamos incluso cuando crees que nos hemos rendido. A veces, no miramos directamente a los ojos, pero llegamos a tocar el corazón de la forma más discreta que puedas imaginar, en silencio, manteniendo el equilibrio. Caemos, siempre, nos empujan, pero volvemos a levantar.
Y poco a poco, podemos llegar a convencer incluso a la estatua más pesada, de que en su corazón, hay algo más que piedra.
Dime si debo de seguir soñando contigo, si debo mantener la esperanza o perderla eternamente, si cuando nuestros ojos se encuentran sientes lo mismo que aún siento yo.
Te quiero, prometo, que todavía te quiero.
Y aquí, una vez más, una de mis cartas de amor, pero esta vez, con destinatario fijo, pero sin buzón.
Encantada de conocerte, desconocido.




No hay comentarios:

Publicar un comentario