No era igual que los demás.
Paseaba sobre mis botas azules cobalto, rotas, explotadas por tantas carreras corridas, sin meta, pues seguía corriendo en todo momento, hiciera lo que hiciera, sin huir, de forma grata, dándome una exigua oportunidad para sentirme libre dentro de una jaula de cemento, allí donde no llegaban los rayos del sol.
Oía como la sociedad me mencionaba sin pronunciar mi nombre, probablemente, porque no lo conocían: "debería comprarse unas nuevas, eso no es elegante, llegará el día en el que pise el suelo descalza".
Déjeme mundo, explicarle el significado de "elegancia", más allá de una definición de diccionario de instituto.
Elegancia, todo aquello que sella la diferencia, todo aquello con un toque de belleza, invisible ante los ojos de los demás. Elegancia, un arte que el mundo cambió por completo, lo que escondió bajo una piel perfecta y grandes cantidades de maquillaje.
Óigame mundo, escuchen como les grito que estas botas han marcado mi camino, como intento explicarles, que no puedo cambiar mis huellas ahora, pues quien se atreva a seguirme, perderá mi rastro.
Miren como bailo mientras camino, de forma original y sutil, permitiendo al horizonte decidir mi camino, descubriendo las notas de piano escondidas tras una gran voz, en mi reproductor de música.
Observen como me adueño de corazones, de una mirada de admiración entre tantas de odio.
Un odio desconocido, o ¿acaso es indispensable odiar a una soñadora con esperanzas para cambiar el mundo?, ¿es inevitable odiar a un artista por engendrar arte en lo más profundo de su alma?
Abran mi baúl de madera, húmeda por la lluvia de Abril. Lean todas las cartas de despedida, las poesías, las canciones, los recuerdos de un viaje ya eterno, los billetes de autobús y los de avión, esas direcciones que nunca olvidé.
Cuenten las vueltas que dan los vinilos en un viejo tocadiscos, ni el mundo va a dar tantas vueltas antes de que el universo le caiga encima.
Nadie dijo que fuera pecado dibujar un mundo mejor con carmín rojo.
Ni tampoco nos advirtieron, de que una sola persona pudiera destruir una hermosa flor.
No me critiquen, si saben hacer algo mejor que yo, enséñenme.
Deténganse de apuntar mis defectos, de sujetar las etiquetas que ustedes mismos me clavaron con un adhesivo de inseguridades. Sean felices, nunca les guardaré rencor.
Yo no soy como ustedes, pues recuerden:
"No era igual que los demás."
Tú, sigue adelante, repite conmigo, "voy a cumplir todos mis sueños, y si alguien me empuja y caigo, voy a volver a levantar", es el único método de lucha para no perder la esperanza en el mundo, ah, y sonríe.

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