"¿Qué tal estás?"
Una simple pregunta que paseaba por mi cabeza y para la cual no hallaba contestación.
Si hoy al despertar hubiera sido un día normal, con su sol, con sus nubes, con el estridente sonido de la ciudad, hubiera respondido: "Bien, gracias", como todas las mañanas. Pero no, hoy tenía que ser un día especial, aún no se si para bien o para mal, que me levantara dolor de cabeza simplemente por no saber qué contestar a una pregunta que nadie más que mi excéntrica cabeza había formulado.
Además, ¿qué le importaba a nadie como me encontraba? Pues eso, a nadie. Esta ciudad es demasiado grande como para que alguien se pregunte qué tal está la chica de los ojos verdes. Sí, la de los ojos verdes; al fin y al cabo creo que eso sería lo único que podría llamar una mínima atención en este ajetreado mundo. Tal vez lo único de lo que yo disponía. Podría haberme nombrado "la chica del jersey a rayas" o "la chica que canta en la banda que toca en la Plaza Mayor todas las Navidades" pero ¿qué mas daba?, nadie escuchaba cuando tocábamos. ¿Por qué lo seguimos haciendo? Probablemente porque es lo que nos gusta hacer, y porque somos unos soñadores natos.
Pero eso da igual ahora. Volvamos a que hoy no es un día cualquiera.
Mis sentimientos están confusos.
Es uno de esos días en los que todo se arreglaría con una taza de café, un poco de lluvia y mi cámara fotográfica.
Sí, eso es. Libertad; la facultad que tiene el ser humano de obrar o no obrar según su inteligencia y antojo.
Sin embargo, ¿por qué yo no lo veía tan fácil?
Tal vez porque me comen la cabeza las responsabilidades.
Tal vez, sea que me contagia el continuo movimiento de esta ciudad.
Como diría Kurt Cobain: "Admiro a la gente que vive sin problemas, que mira el mundo con despreocupación. A diferencia de ellos, yo sufro más de la cuenta."
Después de todo, hoy es Martes, y si continúo distrayéndome con mi absurda pregunta voy a llegar tarde a la universidad.
Cojo todo lo necesario para otro día blanco y negro y salgo a la calle, y todo sigue exactamente igual que todos los Martes.
Subo al metro.
- Maldición, esta todo lleno, he llegado demasiado tarde - susurro con la esperanza de que alguien me escuche y amablemente me ceda su sitio, aún sabiendo que no pasará.
Bueno, al fin parece que hemos llegado, después de todo no se ha hecho tan largo.
Y entonces, al salir..
- ¡Ten más cuidado y mira por donde vas! - mi mochila se ha abierto y ahora todo esta por los suelos. No se a quien le estoy gritando, aún sabiendo que la culpa es mía por engendrar un diario continuo en mi mente que jamás será escrito.
- Oh, yo, lo siento. Te ayudaré. -
Es un chico. Aún no le he mirado la cara y ya me he percatado de que no sería la primera vez que empieza de esta forma tan absurda una historia de amor.
Claro, ¿que para qué haría falta verle la cara? Yo no soy tan superficial. ¿Y si el diario continuo que da lugar en mi cabeza, si estuviera escrito?
No me quedó otra más que mirarle y disculparme; y entonces es cuando vi sus ojos verdes, y su jersey a rayas.
- Hola - sonrió - ¿Estás bien? -
- Sí, lo estoy, gracias. -
Y marchó sin darme tiempo a escribir más diálogos en mi diario mental. Marchó y despertó mis sentimientos dándole contestación a una pregunta que ahora sabía, que el destino había formulado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario