He empezado a preguntarme a qué llamamos poesía, y si es que la poesía son palabras y versos, o el "tú" de Bécquer.
Y es que según lo que he vivido estos dieciocho inviernos, creo que la poesía son momentos, y también personas. Y por lo general, nos damos cuenta de que esas personas son poesía cuando ya no están.
Sinceramente creo que la poesía es todo eso que en algún momento nos duele, como puede ser una cama vacía, o cuatro paredes, o una ciudad tan grande que se te queda pequeña.
Y ojalá poesía pudiera ser un pijama de osos panda, o unas medias rotas, o esa melena que siempre está enredada.
Poesía es todo lo que escribimos sobre esa persona que no nos leerá nunca, poesía es todas las veces que alguien piensa en nosotros antes de quedarse dormido, y todas las veces que no lo sabemos.
Poesía es cruzar la mirada con esa persona y que te la mantenga; y los afortunados y entendidos en el amor dicen, que poesía es que esa persona sea la indicada.
Él nunca me escribió. Y él tampoco. Y supongo que eso, de alguna forma también acabó en poesía.
Poesía es todo eso que nace de la gente triste, de la gente sola, de la gente ilusa.
Poesía es la poeta idiota que por una vez pensó que podría dejar de escribir para ser musa, para ser poesía.
Poesía son diez minutos más en Malasaña. Poesía es que huelas a café y cerveza. Poesía es aquella que no deja perfume en las chaquetas, sólo polvo en la cama.
Eres lo más bonito que le ha pasado a Madrid desde la movida.
Y eso, eso también es poesía.
Y eso, eso también es poesía.

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